Consejos para [tal vez] sobrevivir en la Ciudad de México (Primera parte)

Amo esta ciudad. Todos los altibajos emocionales y de temperatura que implican vivir aquí se han vuelto parte de mi identidad. El otro día pensaba en esto porque Adán y yo tuvimos una conversación que honestamente, no podría ser más “chilanga” (a menos que la pusiéramos dentro de un bolillo):

Adán: Iba a revisar el control parental de Netflix en tu computadora, pero ya tienes otra contraseña.
Yo: [le digo la contraseña]
Adán: Nunca me voy a acordar.
Yo: Pues programemos para que se abra con tu huella digital.
Adán: ¿Pongo el dedo índice?
Yo: Buena pregunta, ¿qué dedo usamos menos por si nos la roban y nos cortan el dedo?
Adán: Supongo que el meñique.
Yo: Ese siempre es el que mandan en sobres. Igual y es el que prefieren cortar más y entonces te van a cortar dos dedos.
Adán: Bueno, entonces supongo que da igual el dedo que ponga.

Si quien escucha detrás de Siri no es una persona chilanga, seguro pensó que tenemos serios problemas que debemos tratar urgentemente en terapia (y sí). Y probablemente valoró sus dedos como nunca lo había hecho en la vida (DE NADA, oreja de Siri).

Las personas chilangas probablemente sí estamos muy afectadas por la vida. No me digan que nadie más consideró la posibilidad de mutilaciones cuando comenzaron a salir los celulares que se desbloquean don la huella digital (en serio, no me lo digan). Y hay otras tantas cosas que podríamos contar sobre cómo funciona esta ciudad que quizá sólo tengan sentido para nosotrxs. Aquí hay algunas:

Cuando se pone el alto para los coches, si eres peatón, calcula que siempre, pero siempre hay alguna pobre persona que es la ÚNICA con algo importante que hacer y, por eso, se pasa los primeros segundos del rojo: nunca cruces justo cuando te corresponde. Espera unos momentos y asume que el semáforo no existe. Como nota, las personas en moto y bici en la CdMx pierden por completo la capacidad de ver colores. ES UN MISTERIO CÓMO O POR QUÉ SUCEDE, entonces no esperes que se frenen en al alto.

Hablando de autos, si un conductor nuestra su infinita misericordia y decide no atropellarte para darte chance de cruzar en un paso peatonal, agradécele. Una pequeña seña con la mano basta para contribuir al reforzamiento positivo necesario para que esta subespecie chilanga se siga tentando el corazón. No lo olvides: DECIDIÓ no matarte y si no le das las gracias, su enojo hará que en la siguiente esquina Si no tenga piedad.

Si, por otro lado, te aventuras a conducir en la ciudad, no hay mucho que debas saber. La única regla de oro es poner atención a las intermitentes: si alguien delante de ti las prende, significa “voy a hacer pendejadas y te estoy avisando por buen pedo”. Y un secreto no tan bien guardado es que JAMÁS es buena idea irte en auto al centro histórico. J-A-M-Á-S.

Si no vas caminando ni manejando y terminaste dentro de una micro, es muy importante que sepas que cuando se sube una persona a pedir “apoyo” porque “no quiere te asaltar”, en realidad te está asaltando, pero con un descuento. APROVÉCHALO.

Trabajaré en mi lista de consejos para tal vez sobrevivir en esta ciudad y se las iré compartiendo en otros posts. Banda chilanga, ¿qué agregarían?

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